En este artículo te ofrecemos una orientación sobre los síntomas habituales del pectus excavatum y cómo determinar si sufres un tórax excavado leve o grave.

También conocido como «pecho hundido» o “pecho en embudo”, la afección del pectus excavatum suele ser leve pero puede causar una amplia gama de síntomas. El síntoma más evidente es la deformación de la pared torácica, en la que el paciente tiene el pecho hundido hacia dentro. 

Los síntomas físicos asociados al pectus excavatum incluyen la dificultad para respirar durante el entrenamiento físico, la disminución de la resistencia, la fatiga, el dolor en el pecho y los latidos irregulares del corazón. Respecto a los síntomas psicológicos, el aspecto de la deformidad torácica puede provocar vergüenza, problemas de autoestima e incluso depresión en casos graves.

¿Cuál es la gravedad de mi tórax excavado?

Si notas una pequeña abolladura en el pecho, pero no tienes ningún síntoma físico, es probable que tengas un caso leve de pectus excavatum. Si tienes problemas de apariencia causados por el pecho en embudo y te sientes acomplejado por tus síntomas, podrías considerar la posibilidad de someterte a una cirugía.

Un pectus excavatum grave viene definido por la compresión que ejerce el esternón a tus pulmones y corazón, que provoca que sufras síntomas graves obvios como el dolor de pecho, problemas cardíacos, problemas respiratorios, latidos rápidos del corazón, infecciones respiratorias, sibilancias o tos, dolor de pecho, entre otros. 

Es importante determinar la gravedad de tu pecho hundido y qué método es el más adecuado para solucionar tu deformación. Mientras que los síntomas leves pueden tratarse con remedios naturales como el ejercicio, un paciente con una deformidad pectus grave puede optar por una intervención quirúrgica.

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