Cuando hablamos de pectus excavatum, la mayoría de las personas piensa automáticamente en una condición que afecta a seres humanos. Sin embargo, esta deformidad torácica también puede aparecer en animales, especialmente en perros y gatos. Aunque es poco frecuente, está documentada en medicina veterinaria desde hace más de cinco décadas, y su estudio ha aportado información valiosa sobre cómo se comporta la pared torácica y sobre las distintas estrategias para corregirla, algo que también resuena con la cirugía torácica en humanos.

¿Qué es el pectus excavatum?

El pectus excavatum es una deformidad congénita de la pared torácica caracterizada por una depresión anormal del esternón y de los cartílagos costales adyacentes, que da al tórax una apariencia hundida o cóncava. Su gravedad varía mucho: algunos casos son leves y sin consecuencias importantes, mientras que otros comprimen órganos intratorácicos y generan problemas respiratorios o cardiovasculares.

Un hallazgo con más de 50 años de historia

La primera descripción veterinaria publicada de pectus excavatum en un gato apareció en 1968, cuando los veterinarios H. H. Grenn y D. E. Lindo documentaron un caso en el Canadian Veterinary Journal. Pocos años después, en 1973, J. L. Pearson publicó la primera descripción formal de la condición en perros, ampliando el conocimiento de esta patología dentro de la medicina veterinaria.

Desde entonces, numerosos casos clínicos han sido reportados en perros y gatos, convirtiendo al pectus excavatum en una condición bien reconocida por los especialistas en cirugía veterinaria y diagnóstico por imagen. Quien quiera profundizar puede consultar el recurso divulgativo de MSPCA-Angell sobre pectus excavatum en cachorros y gatitos.

¿Qué animales pueden padecerlo?

La gran mayoría de los casos descritos en la literatura veterinaria corresponden a gatos y perros, aunque también existen informes aislados en otras especies. En perros, algunas publicaciones han señalado una mayor frecuencia en determinadas razas braquicéfalas y de pequeño tamaño, aunque la enfermedad puede aparecer en cualquier raza.

¿Cuáles son los síntomas?

Los signos clínicos dependen del grado de deformidad. Los animales con formas leves pueden permanecer asintomáticos toda su vida, pero los casos más severos pueden presentar:

  • Respiración rápida o dificultosa
  • Intolerancia al ejercicio
  • Fatiga
  • Retraso en el crecimiento
  • Infecciones respiratorias recurrentes
  • Alteraciones cardiacas secundarias a la compresión torácica

En cachorros y gatitos, los síntomas suelen hacerse evidentes durante las primeras semanas o meses de vida.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico suele comenzar con la exploración física, donde puede observarse el hundimiento esternal. Las herramientas más utilizadas incluyen radiografía torácica, tomografía computarizada (TC) y ecocardiografía cuando existe sospecha de afectación cardiaca. La TC se ha convertido en una herramienta especialmente valiosa para evaluar la gravedad de la deformidad y planificar tratamientos personalizados.

Tratamientos actuales en veterinaria

El tratamiento depende de la edad del animal, la severidad de la deformidad y la presencia de síntomas.

  • Manejo conservador: en pacientes jóvenes con deformidades leves puede optarse por seguimiento clínico y radiológico, junto con medidas de soporte y fisioterapia.
  • Férulas externas: es el tratamiento más utilizado en animales jóvenes. Estas técnicas aprovechan la flexibilidad natural del tórax durante el crecimiento para reposicionar progresivamente el esternón, sin cirugía. Se han descrito distintos diseños a lo largo de los años, incluyendo dispositivos personalizados fabricados mediante impresión 3D.
  • Corrección quirúrgica: cuando la deformidad es severa o el tórax presenta poca flexibilidad, se emplean técnicas más avanzadas, como sistemas de fijación interna, placas esternales, cerclajes quirúrgicos o procedimientos asistidos por toracoscopia.

Un paralelismo con la cirugía torácica en humanos

Es interesante ver que, cuando la deformidad en perros y gatos es severa, los cirujanos veterinarios recurren a sistemas de fijación interna y placas esternales para reposicionar el esternón sin invadir la cavidad torácica. Ese mismo objetivo —corregir el esternón de forma duradera, con un abordaje que evite dañar los órganos internos— es el que persigue Pectus Up en humanos: una técnica quirúrgica extratorácica y mínimamente invasiva, desarrollada por Ventura Medical Technologies. A través de una única incisión, un implante apoyado en la cúspide costal y un sistema elevador fijado al esternón ejercen una fuerza de palanca que corrige la depresión torácica de forma permanente, sin necesidad de invadir el mediastino ni la cavidad pleural.

Una condición compartida entre especies

El pectus excavatum nos recuerda que muchas alteraciones anatómicas no son exclusivas de los seres humanos. Aunque su incidencia es baja, perros y gatos también pueden desarrollarlo y, gracias a los avances de la medicina veterinaria, hoy existen múltiples opciones para su diagnóstico y tratamiento. A medida que la tecnología avanza, la colaboración entre medicina humana, ingeniería biomédica y medicina veterinaria seguirá abriendo nuevas oportunidades para mejorar la calidad de vida de pacientes de todas las especies.

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Published On: 14 julio 2026